En Japón los practicantes del sintoísmo y budismo comparten una gran devoción a la naturaleza.
El concepto daishizen significa literalmente ‘gran naturaleza' y se trata de contemplar entornos naturales y meditar sobre las imágenes y sensaciones, logrando con esto encontrar un camino de transformación espiritual y la búsqueda de una conexión más intensa y real con la naturaleza.